domingo 1 de noviembre de 2009

Haendel: Susanna

G. F. Haendel. Susanna, oratorio HWV 66. Susanna: Sophie Karthäuser. Joacim: Max Emanuel Cencic. 1er anciano: William Burden. 2º anciano: Alan Ewing. Daniel: David DQ Lee. Doncella: Emmanuelle de Negri. Chelsias: Maarten Koningsberger. Juez: Ludovic Provost. Orquesta y Coro de Les Arts Florissants dirigidos por William Christie.

Imposible imaginar mejor arranque de temporada: Les Arts Florisants llegaron, interpretaron y arrasaron. Y eso que a esta Susanna no tenía yo el gusto de conocerla (y mira que conozco Susannas por un lado y obras de Haendel por otro, pero reunidas ambas condiciones, no). Todo, absolutamente todo en la velada de ayer rozó la perfección: la orquesta, la dirección, el coro, los solistas, la butaca vacía a mi lado para dejar la chaqueta...
Creo que William Christie aúna dos cualidades que hoy es relativamente sencillo encontrar por separado en el mundo musical pero no tan frecuente reunirlas en la misma persona: es un grandísimo director y músico, atento al más mínimo detalle de la partitura, y además tiene un ojo clínico a la hora de elegir un reparto que consiga ese milagro que separa la interpretación correcta de la vibrante. Lo anodino de lo excelso. Los solistas de ayer no sólo eran de un nivel muy alto, sino que estaban perfectos en sus respectivos roles: Sophie Karthäuser es una soprano nítida, limpia, de voz hermosamente proyectada sin trucos ni artificios; Max Emanuel Cencic tiene un timbre y un color bellísimo en una cuerda, la de contratenor, no especialmente bella (en mi opinión) y una musicalidad extrema (y un volumen justo, no se puede tener todo). Alan Ewing, un bajo resonante con una dicción shakespeariana y William Burden, tenor de expresividad generosa eran el contrapunto exacto y picante a los tonos pastoriles de Susanna y Joacim. Emmanuelle de Negri y el contratenor David DQ Lee sacaron todo y más de sus exiguos papeles; solamente me chirriaron ciertos acentos de este último en los recitativos, aunque en su aria derrochó un virtuosismo sobrenatural. Tenía el volumen que quizá le faltaba a Cencic pero no su exquisito gusto ni su estilo; de Cencic* me sorprendió el terciopelo, la dulzura y la redondez de su voz, poco frecuente en su cuerda (por poner un contraste, sería algo así como las antípodas de Jaroussky) y la calidad de su canto, muy contenido y sentido.
Y el coro. Lástima que en en este oratorio su papel sea mas escaso que en otros; sonaban a gloria pura. Un equilibrio y un empaste milagroso, un brillo y una nitidez en la dicción de otro planeta y un control de las dinámicas milimétrico (bueno, esto es mérito del director pero si los cantantes no te siguen te da igual ser un colibrí con la batuta). La velada, en conjunto, fue de las mejores que recuerdo, y me permitió descubrir una música maravillosa (que al fin y al cabo es a lo que va uno) en una interpretación muy bella. A pesar de que el Auditorio estaba a medio gas (cosas del puente, supongo) los aplausos y los bravos fueron muy cálidos.

*A Max Emanuel Cencic le dediqué una entrada (ya fallecida) hace tiempo; es llamativo (o no) saber que fue niño cantor de Viena. Todos tenemos un pasado. El otro contratenor, David DQ Lee, participó en el Cardiff Singer of the World en 2007, donde además de un previsible Giulio Cesare sorprendió cantando esto. Y a William Burden lo conocía por una buena versión de Candide de Bernstein.

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domingo 25 de octubre de 2009

Cambio de hora

Explícale tú a un perro senescente, incontinente e impenitente en sus rutinas el cambio de hora. Hazle entender que mañana, a las ocho para su cuerpo y su vejiga, serán las siete para el Orden Mundial y para tus legañas. De todas formas, no me quejo: este verano, en Casablanca, no llegué a saber nunca si la diferencia horaria con la península era de una hora o de dos. En un bar, desesperados ya ante una cita que no llegaba, decidimos preguntar a un camarero si nos podía decir, por Alá, qué hora era, ya que el reloj que había en la pared marcaba las dos del mediodía mientras los parroquianos aseguraban que era la una. El amable hostelero nos indicó que las dos era la hora del gobierno, pero que para todo el mundo era la una; al parecer habían adoptado recientemente la costumbre de los horarios de invierno y verano y el asunto no acababa de cuajar. Yo no veo mal cierto caos en la cuadrícula de la vida. Ayuda a suavizar las aristas.

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sábado 10 de octubre de 2009

Auditorio Miguel Delibes, temporada 2009/2010

  • 31 de octubre, sábado: Susanna, oratorio de Haendel. Orchestre et Choeur de Les Arts Florissants. S. Karthäuser, M. E. Cencic, W. Burden... William Christie, director.
  • 27 de enero, miércoles: Danielle de Niese, soprano. Il Giardino Armonico, dirigidos por Giovanni Antonini. Obras de Locatelli, Haendel y F. S. Geminiani.
  • 17 de marzo, miércoles. Edita Gruberova, soprano. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Michael Güttler, director. Programa por determinar (ejem).
  • 17 de abril, sábado: Cecilia Bartoli, mezzosoprano. Orquesta La Scintilla. Presentación del disco Sacrificium grabado en el CCMD.
  • 5 de mayo, miércoles: Il ritorno d'Ulisse in patria, de Monteverdi. Concerto Italiano, Rinaldo Alessandrini, director.
  • 29 de mayo, sábado: Ottone in Villa, de Vivaldi. S. Prina, V. Cangemi, R. Invernizzi... Il Giardino Armonico. Giovanni Antonini, director.
El programa de todo el ciclo, aquí. Y el de "Grandes Orquestas", aquí.

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lunes 22 de junio de 2009

Juan Diego Flórez: soberbio

Poco puedo añadir a todo lo que se ha escrito por ahí sobre los méritos de JDF; anoche cosechó otro éxito más en el Auditorio Miguel Delibes, donde protagonizó una velada absolutamente triunfal ante una audiencia levemente diferente a la habitual de las funciones de abono: mete en una coctelera las últimas colecciones de Carolina Horrores, un par de cabinas de rayos UVA, una tonelada de mechas rubias, varias docenas de perlas, gomina a granel y pantalones de caballero de colores imposibles y te sale el público de ayer. Había hasta photocall, ante el que se retrataron las fuerzas vivas de la región (y alguna fuerza muerta también, porque uno que estaba detrás de mí no aplaudió en todo el recital, así que lo mismo lo llevaron ya momificado).
El programa era muy similar a los ofrecidos en fechas recientes en Madrid, aunque con alguna variación:
Primera parte: Cenerentola (calentando la voz, pero fantástico), La lontananza, Le Sylvain y L'orgia, de Rossini (muy bien, pero con muchos ataques por abajo y excesivos portamentos, en mi modesta opinión), un preludio a cargo de Vincenzo Scalera (estuvo estupendo toda la noche) y Asil ereditaire de Guillermo Tell para terminar, en la que estuvo apabullante, increíble, magnífico. Un dios rossiniano.
Segunda parte: Je perdu mon Euridice (maravilloso, y eso que es un aria al que le tengo cierta manía. Un legato de impresión) y a continuación, el repertorio español. Cambió el orden del programa previsto, y ofreció El mismo rey moro, de La alegría del batallón, la Serenata de El guitarrico, Adios Granada de Los emigrantes y terminó el paseo zarzuelero con Por el humo... de Doña Francisquita. Me gustó en todas las romanzas, pero estuvo especialmente brillante en Adios Granada (lo bordó). Terminó el asunto con Ah leve toi soleil, de Romeo y Julieta, que es un aria que me gusta muchísimo y que le salió francamente bien, aunque me "cuesta" colocar su voz, su timbre, en el papel del héroe romántico. No, no cantó Terra amica, de Zelmira, y lo sentí mucho.
Los bises: cantó (¿o soltó?) los consabidos agudos de La hija del regimiento, continuó con La donna è mobile de Rigoletto (en un alarde de chulería de dudoso gusto sostuvo el agudo mientras miraba burlón su reloj de pulsera), Cessa di più resistere, de Barbiere (a-lu-ci-nan-te) y Granaaadatieeerrasoñaaadapormiiii en una versión de impacto.
No me quiero enrollar con lo que podéis leer por ahí en cientos de reseñas y críticas: JDF es un fenómeno vocal en pleno apogeo que asombra y apabulla a partes iguales por su perfección, por la homogeneidad de su canto y por la facilidad pasmosa que posee no sólo para los agudos, -quizá lo más llamativo- sino para la coloratura en general, que le sale puntual cual reloj de cuco. Ayer era la tercera vez que le escuchaba en directo (siempre en recital) y me llamaron poderosamente la atención algunos factores: primero, que la voz ha ensanchado y crecido (un poco, tampoco una barbaridad) sin perder ni un ápice de flexibilidad; segundo, que me resultó más comunicativo y musical que en otras ocasiones (es un tenor que, no sé si por talante, por tipología vocal o qué, me deja estupefacto con sus virtuosismos pero algo frío con sus interpretaciones); y tercero, que está aferrado a un repertorio que ya no da mucho más de sí, y me explico: estuvo en Valladolid hace más de cinco años (noviembre de 2003, si no me equivoco), y cantó prácticamente el mismo programa que le escuchamos ayer: Hija del Regimiento, Granada, Donna è mobile, Cenerentola...
Anécdotas: voy a destacar una y que cada cual saque sus conclusiones. Antes de cantar en los bises La hija del regimiento con sus fuegos artificiales, se dirigió al público y dijo (cito de memoria, pero aviso de que todavía la tengo muy buena): "espero que no sea cierta la teoría esa de que a los tenores dios nos da un número limitado de dos agudos y que los vamos gastando al cantar..." Carcajada del respetable. Y tras las risas, añadió con evidente sorna: "Claro que a algunos tenores dios no les dio ninguno...". Ahora podéis leer de nuevo el título de esta crónica y quizá le halléis otro sentido...

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miércoles 3 de junio de 2009

Juan Diego Flórez canta


Supongo a todo el mundo canoro enterado a estas horas de que Juan Diego Flórez tuvo algo más que éxito ayer en Madrid. También supongo que los castellanos estarán adorando y venerando sus preciadas localidades para el recital (similar, se supone) que ofrecerá en Valladolid el 21 de Junio, domingo. Yo lo estoy, al menos; salvo sacrificios rituales, estoy dispuesto a todo. Para abrir boca e ir generando jugos armónicos, os dejo la fantástica crónica de Papagena, la promesa de una futura reseña de Mei y un vídeo grabado desde la Plaza de Oriente en el que parte del público opina sobre JDF y se le escucha cantar algunos fragmentos. Y añado la opinión de Mocho del último recital madrileño.
¿El secreto de JDF? Ni técnica, ni voz, ni estilo, ni nada: últimamente toma quinoa antes de cantar. Claro que yo también la desayuno a veces y berreo como un gato escaldado, la verdad.

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miércoles 27 de mayo de 2009

Juan Diego Flórez en el CCMD

Aviso a la población
(aficionada a esto del canturreo)

Hoy (miércoles 27 de mayo) se ponen a la venta las entradas para el recital que el tenor Juan Diego Flórez* ofrecerá en el Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid el día 21 de junio (domingo). En principio, a partir de las cinco de la tarde en las taquillas del Auditorio (NO en la "sucursal" que hay en la Acera Recoletos). Al parecer también estarán disponibles en entradas.com (902 488 488) y en las oficinas de Cajamar, pero hoy he asomado la nariz en la que hay debajo de mi casa y me han mirado como si fuera un marciano, mientras que en el teléfono me han dicho el socorrido "no me figura" con voz nasal.

*Juan Diego Flórez, tenor; Vincenzo Scalera, piano. Obras de Rossini, Gounod, Serrano, Pérez Soriano, Saavedra y Amadeo Vives.

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lunes 25 de mayo de 2009

Bernarda Fink & Il Giardino Armonico


Allegro ma poco. Así me encontraba yo (mi primera salida "oficial"), así me resultó el recital/concierto y ese era el tempo de un par de movimientos vivaldianos. El evento era la presentación de la grabación Il pianto di Maria, un disco con el mismo repertorio e intérpretes que los escuchados ayer; mirando las pistas, creo que ofrecieron todas en el recital, más una sinfonía de Caldara -con la que abrieron la primera parte-, una breve pieza para laúd de S. L. Weiss con la que se abrió la segunda y una cantata de Telemann que se ofreció como bis. Por cierto que al tal Weiss en el libreto lo acreditan como Sigmund pero en los wikimundos dicen que se llamaba Sylvius. La música se presentó como un continuo, sin pausas entre las distintas piezas -algunas, ejem, para mi gusto no excesivamente destacadas dentro del opus de los distintos compositores- logrando, eso sí, un clima adecuado en el que la solista, Bernarda Fink, entraba y salía sigilosamente. En la parte vocal ofrecieron un Monteverdi (Pianto della Madonna sopra il Lamento d'Arianna) que a mí me gustó, y eso que Monteverdi me amuerma un poco; aparte de la voz y los instrumentos, jugó un destacado papel la maravillosa acústica del Auditorio y Fink logró el patetismo y las sonoridades necesarias como para inmovilizarme en la butaca y dejarme ligeramente sobrecogido ante mi insignificancia en el universo. En la segunda parte el plato fuerte era la cantata Il Pianto di Maria, atribuida a Haendel pero al parecer compuesta por Giovanni Battista Ferrandini; el caso es que la tengo en un recital por ahí con Anne Sofie Von Otter (ver vídeo) y en los créditos figura aún Haendel. Con tal de que no sea de Andrew Lloyd Weber, a mi me sirve; la cantata, para qué engañaros, tampoco es como para batir palmas y taconear. Sí, la velada de ayer era muy mística y creo que yo ando ahora en una etapa vital más prosaica, entendido esto como una leve falta de elevación (o necesitado de estímulos más potentes) no como vulgaridad o insulsez, que de eso, nada; si no supe apreciar la delicadeza del bocado musical, fue por entero culpa mía y de mis carencias sensoriales. Fink, a mis oídos, estuvo muy bien, nada ñoña ni barrocona, muy homogénea, pero en algunos momentos los medios y graves se diluían un poco. Los Giardino sonaron a gloria, como siempre.

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domingo 19 de abril de 2009

Cecilia Bartoli: Soirée Rossiniana

Me gusta Cecilia Bartoli. Mucho, y cada vez que la escucho en directo, me da unos cuantos motivos más para que continúe gustándome. En realidad, todo el deleite se puede reducir a un par de oraciones bastante sencillas: canta muy bien y tiene una voz muy bonita (y yo disfruto de lo lindo sentado escuchándola). Ayer, el recital era un traje muy bien ajustado a sus talentos: canciones de Rossini, Bellini y Donizetti en su mayoría, mas unas piezas de Pauline Viardot, Manuel García, María Malibran, Xavier Montsalvatge y Ernesto De Curtis; el acariciante acompañamiento al piano de Sergio Ciomei, mimoso y delicado hasta en sus miradas a la diva, me agradó también, en especial algunas frases ornmentadas con gusto e imaginación que coló en las cancoines de De Curtis del final.
Me gusta Bartoli porque es generosa: 26 temas en el programa y tres bises, en una suerte de velada íntima a pesar de la gran afluencia de público. Me gusta porque es humana: esos ocho o diez minutos -los tengo cronometrados- que necesita para calentar la voz y calentarse ella misma, que se entreven en los ligeros tics de su mano izquierda, en su tiento al ir colocando la proyección vocal, en el leve temblor al buscar el apoyo físico del piano. Me gusta porque es una artista inteligente: canta con los intereses de la voz, no con el capital -imagen prestada, pero no recuerdo de quién-, dosificando sabiamente su emisión pero sin escatimar ni un ápice de sentimiento. Me gusta porque le gusta lo que hace y sabe transmitirlo: es evidente que disfruta cantando, y lo que canta, le emociona, y su emoción es fácilmente contagiosa. Ayer, además, lo confesó: "es una música tan bonita que podría seguir toda la noche".
Y además de todo eso que me gusta -su afinación perfecta, su intención siempre adecuada, su delicadeza exquisita en los momentos precisos- está también lo que le perdono: le perdono, por ejemplo, que me cante ese horrible Rataplan de Malibran -que parece una sesión de logopedia- aunque reconozco que sería capaz de tragarme diez rrrrrrataplanes sólo por escucharle otra vez L'abbandono, de Bellini (casi me desmayo) o las celestiales versiones que hizo, en los bises, de Non ti scordar di me y Ti voglio tanto bene, de De Curtis. Ayer Bartoli me pareció una artista sublime, en un estado vocal perfecto -mejor que en su última visita-, con unos tonos medios y graves que han crecido (basta comparar su En medio a mis colores del año 98 con cómo lo canta ahora) y una proyección absolutamente bajo control. Su canto a mezza voce, sus filados, el tono elegíaco que sabe imprimir a los pasajes que lo requieren y la maestría -sí, maestría, de maestra- en la regulación de las dinámicas (que alcanzó el paroxismo en los bises italianos) me dejaron, además de boquiabierto, feliz y henchido de gozo musical. Puro éxtasis artístico.
(Apareció estupenda, algo más delgada, con la versión azul del vestido fresón de la otra vez en la primera parte y uno blanco similar para la segunda). Crónica del mismo recital en Madrid, en el blog Una butaca en el paraíso.

Sposa son disprezzata, aria de Bajazet, Vivaldi. No pertenece al programa de ayer, pero la pongo porque me gusta, es preciosa y me apetece.

Programación del Auditorio: en taquilla me dijeron que para el recital de Rolando Villazón (domingo 10 de mayo) las entradas saldrán a la venta a finales de esta semana. También fuera del ciclo "Grandes Voces" parece estar confirmada la presencia de Juan Diego Flórez para el 21 de junio (domingo) en un recital acompañado del piano de Vincenzo Scalera con obras de Rossini, Gounod y probablemente romanzas de zarzuela.

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jueves 5 de marzo de 2009

Rolando Villazón en Valladolid

Los dioses musicales se burlan de mí. Mascullo y rumio mi hartazgo de repertorio barroco y tanto Cecilia Bartoli como Il Giardino Armonico graban sendos recitales en el Auditorio Miguel Delibes dedicados a Haendel y compañía. Decido ir a una zarzuela para darme un baño de repertorio popular y sacudirme el polvo de tanta peluca dieciochesca y me quedo tirado con el coche en un arcén inhóspito. Y cuando un primo tenore como Rolando Villazón decide que su único concierto en España sea en Valladolid, está claro que va a cantar... Haendel. He visto que en verano actúa Depeche Mode; imagino que habrán adaptado al electro-industrial Ombra mai fu. Si viniera la Pantoja, seguro que nos ofrecía Lascia la trena, cogli la pasta.
Ahora más en serio. La noticia, por supuesto, la han ofrecido en exclusiva las Villazonistas en su estupendo blog; el recital está previsto para el 10 de mayo y me hace una ilusión tremenda. Ironías del destino; en 2004, cuando Rolando sacó su recital de debut con Virgin, un servidor tenía una columnilla en un periódico -que solo leía mi madre- y escribió esto:

"(...) En cuanto a los recitales, abunda la calidad, aunque como debut promisorio del año yo me quedaría con el magnífico disco de Rolando Villazón, tenor mejicano que nos tiene a los aficionados con los dedos cruzados pensando “este sí que sí”. Con un carisma vocal impactante, manejando dinámicas como si de un cochecito de montaña rusa se tratara, Villazón podría ser el tenor lírico con empuje que necesitan los teatros -y yo- hoy mismo. Esperemos a ver que pasa. Entre los ya veteranos, los registros de Ian Bostridge, Magdalena Kozena o Juan Diego Flórez han sido sobresalientes; milagrosamente, todos tienen ya varios discos en el mercado razonablemente exitosos y otros en proyecto, algo muy poco frecuente. Anímense y vayan a las tiendas de discos, porque si las ventas siguen cayendo, este espacio lo acabará ocupando una reseña de Antes muerta que sencilla."

Como vidente no suelo tener precio; efectivamente, a las pocas semanas de salir publicado este texto pasé a engrosar la lista de articulistas en paro. Ha sido la primera y última vez que se me ocurre hacer vaticinios negativos sobre mí mismo. Conclusión: solistas, recitalistas y div@s del mundo, tomad nota: Valladolid rules. Pucela Power.

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